Yerry Mina ha vuelto a poner sobre la mesa uno de los episodios más difíciles de su carrera profesional: su breve y turbulento paso por el FC Barcelona en 2018. Aunque su llegada al club catalán se presentó como la oportunidad de consolidarse en la élite del fútbol mundial, su experiencia terminó marcada por la frustración, la falta de oportunidades y, sobre todo, por una relación prácticamente inexistente con el entrenador de entonces, Ernesto Valverde.
Desde el inicio, la llegada de Mina a la institución azulgrana estuvo cargada de ilusión y expectativa. El zaguero provenía del Palmeiras tras una destacada actuación que lo había puesto en la órbita de varios grandes de Europa, incluido el Real Madrid. La apuesta por el Barcelona parecía ser el paso lógico en su ascendente carrera, pero el sueño se transformó en un periodo de aislamiento dentro del vestuario culé.
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La dinámica con el cuerpo técnico fue uno de los factores más determinantes de su frustración. Según relató recientemente, tras su presentación oficial prácticamente no volvió a tener diálogo con Valverde, una situación que lo hizo sentir relegado y sin margen de crecimiento dentro del equipo. En un club donde la competencia es feroz, esa falta de comunicación le cerró puertas y lo condenó a un rol secundario desde los primeros meses.
"Yo quería ir al Barcelona. Llegué y Valverde solo me habló el primer día. Durante siete meses no me dirigió la palabra. A pesar de ganar la Liga y la Copa, jugué muy poco y sufrí una lesión en el pie tras una falta de Rakitic en un entrenamiento", contó el cafetero en declaraciones a 'La Gazzetta dello Sport'.
Mina apenas disputó seis encuentros oficiales, acumulando poco más de 370 minutos sobre el terreno de juego. El contraste era evidente: mientras el equipo celebraba títulos, el defensor vivía uno de los periodos más grises de su carrera.
Las lesiones también jugaron un papel en este tránsito fallido. Un problema en el pie, derivado de una acción desafortunada en un entrenamiento, lo dejó en desventaja física en un momento clave para intentar ganarse la confianza del entrenador. Esa circunstancia, sumada a la nula comunicación con el cuerpo técnico, selló una etapa que nunca llegó a despegar.
"Marco Silva me convenció para ir al Everton. Fueron cinco años fantásticos, contaba con Ancelotti, un gran técnico. Empezamos bien, pero luego cinco de nosotros nos lesionamos. Pero la Premier League es preciosa", detalló el colombiano, que no dejó un recuerdo importante en Cataluña.
En medio de la adversidad, el respaldo de la afición azulgrana se convirtió en un bálsamo para Mina. El público del Camp Nou valoraba su entrega y el entusiasmo que mostraba cuando tenía la oportunidad de jugar. Sin embargo, el cariño de los seguidores no bastaba. El central necesitaba continuidad y protagonismo en el campo, y el club no estaba en condiciones de ofrecérselo bajo la dirección de Valverde.
Finalmente, el desenlace llegó con la propuesta del Everton, club que apostó por su talento y le ofreció un espacio para renacer futbolísticamente. Con la guía inicial de Marco Silva y más tarde bajo la conducción de Carlo Ancelotti, Mina encontró la estabilidad que había perdido en Barcelona.
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Hoy, ya instalado en el Cagliari de la Serie A, el central colombiano mira hacia atrás y reconoce que aquella etapa en el Barcelona le dejó enseñanzas profundas. Más allá de los títulos colectivos que engrosan su palmarés, lo que realmente recuerda es la dificultad de sentirse ignorado en un vestuario de talla mundial.