Yeison Jiménez falleció este sábado 10 de enero en un accidente aéreo ocurrido en el departamento de Boyacá. El artista viajaba en una avioneta que cubría la ruta Paipa–Medellín, donde tenía compromisos profesionales, cuando la aeronave sufrió una falla poco después del despegue y terminó precipitándose en una zona rural. Las autoridades confirmaron que ninguno de los ocupantes sobrevivió, lo que generó una inmediata ola de conmoción en el país.
Jiménez, nacido en Manzanares, Caldas, había construido una carrera sólida dentro de la música popular colombiana, consolidándose como una de las voces más influyentes del género. Con letras cargadas de sentimiento, historias de superación y una conexión directa con el público, logró llenar escenarios en ferias, coliseos y estadios. Su muerte no solo representa una pérdida irreparable para la industria musical, sino también para millones de seguidores que veían en él a un artista auténtico y cercano.
Más allá de los micrófonos y los reflectores, Yeison Jiménez era un apasionado del deporte, especialmente del fútbol colombiano. Desde niño desarrolló un vínculo profundo con Atlético Nacional, club del que fue hincha confeso desde los siete años. Esa afición no fue circunstancial ni oportunista; por el contrario, se mantuvo firme a lo largo del tiempo, incluso en los momentos más difíciles del equipo antioqueño. Para él, el conjunto verdolaga representaba identidad, orgullo y pertenencia.
En numerosas ocasiones, el cantante se mostró públicamente apoyando al elenco paisa. Redes sociales, entrevistas y apariciones en eventos deportivos fueron testigos de su fervor por los colores verde y blanco. “Nacional es una pasión que viene desde la infancia y que nunca se abandona”, expresó en una de sus publicaciones más recordadas, frase que hoy resuena con especial emotividad entre los aficionados. Su cercanía con la hinchada lo convirtió en una figura querida también en el entorno futbolero, donde era visto como un embajador natural del sentimiento verdolaga.
Esa relación con Atlético Nacional trascendió lo simbólico. Jiménez fue invitado en varias oportunidades a encuentros del club, compartió con jugadores y no dudó en celebrar títulos, victorias históricas o clasificaciones memorables. Para muchos seguidores, su presencia representaba la unión entre la cultura popular, la música y el deporte, tres elementos profundamente arraigados en la identidad colombiana. Su apoyo constante reforzó la imagen de un artista genuino, que no ocultaba sus pasiones ni las adaptaba a conveniencia.
La confirmación oficial del siniestro por parte de las autoridades aeronáuticas desató mensajes de duelo provenientes de distintos sectores. Artistas, periodistas, dirigentes deportivos y clubes expresaron su pesar, destacando no solo su legado artístico, sino también su calidad humana. En el entorno del fútbol, hinchas de distintos equipos coincidieron en reconocer el respeto y la lealtad con la que Jiménez defendía los colores de su club, aun cuando se trataba de una rivalidad histórica.
Mientras avanzan las investigaciones para esclarecer las causas exactas del accidente, el país vive jornadas de homenaje y recogimiento. Sus canciones vuelven a sonar con fuerza, ahora cargadas de nostalgia, y las imágenes del cantante luciendo la camiseta de Nacional se multiplican como símbolo de una pasión que nunca escondió. Para el aficionado promedio, su historia representa la de alguien que, pese a la fama, nunca dejó de ser hincha.
La partida de Yeison Jiménez deja un vacío profundo en la música y en el corazón del deporte colombiano. Su legado permanece no solo en sus éxitos musicales, sino también en ese amor incondicional por Atlético Nacional, una pasión que llevó hasta el último día y que hoy lo convierte en un recuerdo imborrable tanto para los escenarios como para las tribunas.

