En el interior del Movistar Team, uno de los equipos históricos del pelotón internacional, ya no se esquiva una pregunta que hace algunos años parecía impensable: ¿Está cerca el final de la carrera de Nairo Quintana? El corredor boyacense, referente del ciclismo colombiano en la última década, atraviesa una etapa distinta, más reflexiva, en la que su papel dentro del grupo ha evolucionado con naturalidad.
Lejos de hablar de una salida inmediata, el dirigente dejó claro que la decisión está en manos del propio pedalista: “No me preocupa que su carrera se alargue demasiado; es él quien debe tomar esa decisión final”. La frase, directa y respetuosa, deja entrever que el conjunto telefónico entiende el momento y respalda cualquier determinación que adopte el experimentado escalador.
A sus 36 años, el nacido en Cómbita ya no domina la montaña como en sus días más gloriosos. Aquella versión que se batía sin complejos frente a los gigantes del Tour de Francia pertenece a una etapa dorada que marcó época.
Sin embargo, reducir su actualidad únicamente a los resultados sería simplificar una historia mucho más profunda. Hoy su aporte no se mide solo en cronómetros o clasificaciones generales, sino en liderazgo, lectura de carrera y acompañamiento a las nuevas generaciones.
Desde la dirección deportiva han resaltado esa transformación. “Su consistencia ahora reside en otros aspectos: estar al lado de los jóvenes, guiarlos, aconsejarlos y ser una voz de mando”, explicó el integrante del cuerpo técnico. Esa descripción encaja con lo visto en competencias recientes, donde el colombiano ha asumido el rol de capitán de ruta.
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Para el Movistar, la experiencia se convierte en un activo invaluable. “No es que Nairo les diga algo revolucionario, pero incluso la información más básica puede significar la diferencia”, apuntó el directivo. Esa sencillez para compartir conocimientos refleja madurez. Lo que antes era ambición pura por el podio, hoy se traduce en una visión colectiva.
Lejos de mostrar desinterés, el boyacense mantiene una disciplina intacta. Según su entorno, continúa siendo meticuloso con la preparación y la recuperación. “Cada noche es de los primeros en sentarse a la mesa; monitorea todo como una cámara de 360 grados”, señalaron desde el equipo. La imagen retrata a un profesional que no ha perdido la pasión ni el compromiso, aunque sea consciente de que el cuerpo ya no responde igual que en sus años de explosividad máxima.
Algunos consideran que podría cerrar el ciclo mientras conserva prestigio; otros creen que su influencia trasciende el rendimiento físico. Lo cierto es que su legado ya está asegurado. Fue pionero en abrir puertas en Europa para una generación de escaladores nacionales que hoy compiten con naturalidad en las grandes vueltas.
Por ahora, el propio Nairo se mantiene en silencio prudente. No hay anuncios oficiales ni fechas marcadas en el calendario. Solo la certeza de que la decisión final será personal y meditada. Mientras tanto, el público disfruta de cada kilómetro adicional que ofrece un ciclista que transformó la historia reciente del pedalismo colombiano.
El tiempo dirá cuándo llegará el adiós definitivo. Lo que no cambiará es la huella que dejó en las carreteras del mundo. Porque más allá de estadísticas y títulos, su nombre quedó ligado para siempre a la palabra grandeza.

