James Rodríguez vuelve a encender las alarmas por su futuro. Cuando todo parecía listo para su estreno con el Minnesota United FC en la Major League Soccer, un obstáculo inesperado frenó en seco el arranque del talentoso mediocampista colombiano.
No se trata de una lesión ni de un problema disciplinario; el problema es administrativo: su visa de trabajo. Una situación por la que el '10' colombiano no ha podido empezar a entrenar con el equipo ni debutar, un hecho que alarga su espera para jugar un partido oficial.
El volante cucuteño, considerado durante más de una década como uno de los referentes del balompié nacional, no ha podido entrenar con normalidad debido a que el permiso laboral aún no ha sido aprobado. Esta situación le impide participar plenamente en las prácticas colectivas y, por supuesto, disputar partidos oficiales. En un torneo que se caracteriza por su intensidad física y ritmo competitivo, cada sesión de entrenamiento cuenta, y la ausencia en la dinámica grupal representa un desafío significativo.
Su fichaje fue visto como un golpe mediático y deportivo para Minnesota, que busca dar un salto de calidad en la temporada 2026. La dirigencia apostó por la jerarquía y la experiencia internacional del exjugador del Real Madrid y del Bayern Múnich, convencida de que su talento puede marcar diferencias en el último tercio del campo.
En otras noticias
Sin embargo, el calendario no espera. El debut del club está programado frente al Austin FC, y la presencia del colombiano es, por ahora, una incógnita. Desde el cuerpo técnico han reconocido la dificultad que implica no contar con el mediocentro ofensivo en la preparación previa. “Todavía no hemos podido verlo trabajar con el grupo”, se ha señalado desde el entorno del equipo, dejando entrever que el tiempo juega en contra.
Más allá del trámite migratorio, existe otro factor que aumenta la preocupación: la falta de ritmo competitivo. El ‘10’ no disputa un compromiso oficial desde finales del año pasado, cuando defendió los colores de la Selección Colombia en un amistoso internacional. Desde entonces, su actividad ha sido limitada, por lo que la adaptación a la exigencia de la MLS requerirá minutos y continuidad.
Con el Mundial de 2026 en el horizonte, cada partido adquiere un valor estratégico. Para un jugador que aspira a liderar nuevamente al combinado nacional, sumar rodaje y confianza resulta indispensable. El propio entorno del deportista ha manifestado que el objetivo es llegar en plenitud a esa cita orbital.
James tiene un desafío doble: recuperar ritmo y adaptarse rápidamente a un entorno competitivo distinto. La MLS ha crecido en intensidad y calidad, y exige compromiso físico constante. Para un jugador con la trayectoria del cucuteño, la experiencia puede ser un aliado, pero el tiempo fuera de las canchas obliga a una puesta a punto acelerada.
Mientras tanto, el reloj avanza y la expectativa se mantiene intacta. El talento sigue allí, esperando la oportunidad de expresarse nuevamente en el campo. Si el trámite se resuelve pronto, el público estadounidense podría disfrutar de uno de los futbolistas más influyentes de la última generación colombiana. Si no, el debut tendrá que esperar, recordando que, en el fútbol moderno, a veces los obstáculos no están en la cancha, sino en el escritorio.

