Logo Deportes RCN Horizontal
Mundial 2026

¿Mundial 2026 en jaque por captura de Maduro? normativa de FIFA aclara todo

La intervención militar estadounidense en Venezuela abrió dudas sobre el futuro de la Copa del Mundo.
¿Mundial 2026 en jaque por captura de Maduro? normativa de FIFA aclara todo
¿Mundial 2026 en jaque por captura de Maduro? normativa de FIFA aclara todo // AFP

El fútbol mundial volvió a quedar en el centro de una tormenta ajena al balón. La captura de Nicolás Maduro en Venezuela, ordenada por el gobierno de Estados Unidos, desató una crisis política de alcance internacional que, de inmediato, encendió las alarmas en el ámbito deportivo.

La pregunta no tardó en instalarse entre dirigentes, aficionados y analistas: ¿está en riesgo la Copa del Mundo de 2026, que tendrá a Estados Unidos como una de sus sedes principales?

Aunque el hecho ocurrió lejos de los estadios, su impacto simbólico reavivó un debate histórico: la delicada relación entre deporte y política internacional. La FIFA, organismo rector del fútbol, ha insistido durante décadas en su principio de neutralidad, pero los acontecimientos recientes obligaron a revisar con lupa qué dice realmente su reglamento frente a situaciones de alta tensión geopolítica.

Los estatutos de la FIFA son claros en algunos puntos clave. La organización puede sancionar, suspender o incluso excluir a una federación afiliada si se comprueba intervención gubernamental directa en asuntos deportivos, vulneración de la autonomía institucional o violaciones graves a los derechos fundamentales dentro del fútbol. Sin embargo, no existe un artículo específico que contemple la pérdida de una sede mundialista por acciones militares o decisiones políticas externas.

Este matiz resulta determinante. La operación que derivó en la captura del mandatario venezolano pertenece al terreno de la política internacional, no a una interferencia directa sobre la federación estadounidense de fútbol ni sobre la organización del torneo. Por ello, desde el punto de vista jurídico-deportivo, no hay una causal automática que ponga en jaque la realización del Mundial.

En otras noticias

El Mundial de 2026 no es un evento convencional. Será el primero con 48 selecciones, organizado de manera conjunta por Estados Unidos, México y Canadá, con contratos firmados desde hace años, inversiones multimillonarias en infraestructura y compromisos comerciales de alcance global. Modificar una sede en una etapa tan avanzada implicaría consecuencias económicas, logísticas y legales sin precedentes.

Además, la FIFA evalúa factores como seguridad, estabilidad operativa y capacidad organizativa, aspectos que, hasta el momento, no se han visto comprometidos en territorio estadounidense. Desde esta perspectiva, el certamen continúa firme en el calendario, pese al ruido político que rodea el contexto regional.

El impacto de la noticia también se sintió en el entorno del balompié latinoamericano. Dirigentes, exjugadores y analistas coincidieron en expresar sorpresa por el hecho, aunque la mayoría subrayó que no existen fundamentos reglamentarios para pensar en una sanción deportiva contra la sede mundialista. En redes sociales y programas especializados, el tema generó debate, pero con una conclusión recurrente: el torneo no corre peligro inmediato.

Incluso selecciones que mantienen tensiones políticas con Estados Unidos continúan enfocadas en sus procesos clasificatorios, conscientes de que el camino al Mundial sigue su curso normal.

La captura de Nicolás Maduro representa un episodio de alto voltaje en la política global, pero no constituye, por sí sola, una amenaza directa para el Mundial 2026. El reglamento FIFA, los antecedentes históricos y la estructura multinacional del torneo indican que la cita orbital permanece firme.

El fútbol, una vez más, se ve salpicado por el contexto internacional, pero todo apunta a que la pelota seguirá rodando. Mientras los focos mediáticos se concentran en la diplomacia y el conflicto, la Copa del Mundo avanza, recordando que, aunque el deporte no vive aislado del mundo, sus reglas siguen marcando el límite entre la política y la pasión por el juego.